Tu código
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Cómo hacer tu tarjeta en código
Escribe solo lo que quieres que guarden
Nombre, un teléfono y un correo suelen bastar. Cada campo de más aprieta el dibujo y lo hace más difícil de leer.
Comprueba el contenido antes de exportarlo
El panel muestra literalmente lo que lleva el código. Un correo mal escrito ahí se convierte en cien tarjetas inútiles.
Elige el tamaño según dónde vaya
PNG grande para una credencial o una firma de correo; SVG si va impreso en la tarjeta junto con el resto del diseño.
Este código no lleva un enlace: lleva la ficha entera. El formato se llama vCard y es el mismo que usan las agendas de los teléfonos desde hace décadas, así que al escanearlo el móvil no abre el navegador, abre la pantalla de contacto nuevo con tus datos ya rellenados. La persona pulsa guardar y listo, sin dictar nada y sin errores de transcripción.
Como todo va dentro, aquí importa la contención. Cada campo que añades hace el código más denso: una ficha con nombre, teléfono y correo produce un código holgado que cualquier cámara lee al vuelo; una con dos teléfonos, dirección completa, web y cargo produce una maraña de puntos diminutos que en una tarjeta de visita, impresa a dos centímetros, se convierte en un código que nadie consigue escanear. Pon lo que de verdad quieres que quede guardado.
La contrapartida de no depender de un servidor es que la ficha queda congelada. El día que cambies de teléfono, de correo o de empresa, las tarjetas impresas seguirán entregando los datos viejos, y no hay forma de corregirlas a distancia. Si tus datos cambian a menudo, quizá te convenga más un código que apunte a una página tuya que puedas editar.
A cambio funciona en cualquier parte y sin conexión: en una feria con la red saturada, en un ascensor, en un país sin datos. Nadie registra el intercambio, ni nosotros ni ningún intermediario, porque no hay nada que consultar: la información viaja impresa en el papel que tienes en la mano.